Después de un
largo viaje en tren, llegué a Roma. En la terminal lo primero que hice fue
acercarme a una oficina de información turística para poder organizar mi
estadía. Un empleado del lugar muy amablemente me obsequió mapas de la ciudad,
información acerca de los hoteles en Roma y como si fuera poco, me organizó un
itinerario con los puntos más importantes para visitar.
Al salir de la
terminal me encontré con un paisaje imponente; en cada paso que daba sentía cómo
la historia se hacia presente. La particular arquitectura de los edificios
combinada con el arte antiguo de los históricos monumentos, daban un toque de
misterio y emoción al saber que por el mismo lugar en el que yo estaba
caminando, siglos atrás se había marcado un ante y un después en la historia
del mundo.
Dada la
enormidad de la ciudad y tránsito agobiante, decidí buscar un hotel económico y
céntrico en el cual poder dejar mi mochila y empezar a descubrir esta
majestuosa ciudad.
Entre ruinas y recuerdos
Mi primer día en
Roma estuvo destinado a descubrir la historia. Muy temprano, luego de
desayunar, me dirigí a la zona de las ruinas del Foro Romano. El viaje fue
agotador, puesto que debí combinar un subterráneo con un autobús para llegar al
lugar donde se conserva la arquitectura más antigua del Imperio Romano. Al
llegar, mi única impresión fue sentir que todo parecía convertirse de color a
blanco y negro.
Se puede decir
que el Foro Romano es literalmente el corazón de la historia de Roma. En la
antigüedad, era el centro del comercio, de la política y de la religión. Al
caminar por estas ruinas, uno no puede evitar traer a su memoria todo lo leído
en los libros de Historia. Es difícil explicar la sensación de atravesar un museo
de historia viviente. Pensaba que en el mismo lugar en el que me encontraba, miles
de años atrás posiblemente un soldado romano custodiaba la zona o un emperador
romano transmitía un discurso.
Paso a paso, uno
se sigue maravillando. Dentro de las ruinas del Foro, podemos encontrar:
ü La arquitectura circular del Templo de Rómulo. Lo realmente impactante
son las puertas, puesto que son romanas originales y giran sobre las mismas
bisagras que cuando fueran montadas.
ü El Templo de Venus y Roma
ü La Basílica Julia, construida bajo el mandato del emperador Julio
César.
ü El Tabulario, construido en el siglo I.
ü Casi oculta bajo los cascotes, se puede distinguir una escalera
semicircular que llevaba a la famosa Rostra, podio donde los césares se
dirigían a las muchedumbres. Es imposible estar en este lugar sin imaginarse la
figura del emperador romano rodeado de la guardia imperial.
ü También se puede maravillar con los cimientos del Templo de la
Concordia o con las imperiales columnas del Arco de Tito.
De alguna manera, el Foro Romano es una invitación a
volar con la imaginación. A revivir la
historia para entender el presente.
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