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lunes, 2 de julio de 2012

Un museo al aire libre

Después de un largo viaje en tren, llegué a Roma. En la terminal lo primero que hice fue acercarme a una oficina de información turística para poder organizar mi estadía. Un empleado del lugar muy amablemente me obsequió mapas de la ciudad, información acerca de los hoteles en Roma y como si fuera poco, me organizó un itinerario con los puntos más importantes para visitar.
Al salir de la terminal me encontré con un paisaje imponente; en cada paso que daba sentía cómo la historia se hacia presente. La particular arquitectura de los edificios combinada con el arte antiguo de los históricos monumentos, daban un toque de misterio y emoción al saber que por el mismo lugar en el que yo estaba caminando, siglos atrás se había marcado un ante y un después en la historia del mundo.
Dada la enormidad de la ciudad y tránsito agobiante, decidí buscar un hotel económico y céntrico en el cual poder dejar mi mochila y empezar a descubrir esta majestuosa ciudad.

Entre ruinas y recuerdos
Mi primer día en Roma estuvo destinado a descubrir la historia. Muy temprano, luego de desayunar, me dirigí a la zona de las ruinas del Foro Romano. El viaje fue agotador, puesto que debí combinar un subterráneo con un autobús para llegar al lugar donde se conserva la arquitectura más antigua del Imperio Romano. Al llegar, mi única impresión fue sentir que todo parecía convertirse de color a blanco y negro.
Se puede decir que el Foro Romano es literalmente el corazón de la historia de Roma. En la antigüedad, era el centro del comercio, de la política y de la religión. Al caminar por estas ruinas, uno no puede evitar traer a su memoria todo lo leído en los libros de Historia. Es difícil explicar la sensación de atravesar un museo de historia viviente. Pensaba que en el mismo lugar en el que me encontraba, miles de años atrás posiblemente un soldado romano custodiaba la zona o un emperador romano transmitía un discurso.
Paso a paso, uno se sigue maravillando. Dentro de las ruinas del Foro, podemos encontrar:
ü La arquitectura circular del Templo de Rómulo. Lo realmente impactante son las puertas, puesto que son romanas originales y giran sobre las mismas bisagras que cuando fueran montadas.
ü El Templo de Venus y Roma
ü La Basílica Julia, construida bajo el mandato del emperador Julio César.
ü El Tabulario, construido en el siglo I.
ü Casi oculta bajo los cascotes, se puede distinguir una escalera semicircular que llevaba a la famosa Rostra, podio donde los césares se dirigían a las muchedumbres. Es imposible estar en este lugar sin imaginarse la figura del emperador romano rodeado de la guardia imperial.
ü También se puede maravillar con los cimientos del Templo de la Concordia o con las imperiales columnas del Arco de Tito.
De alguna manera, el Foro Romano es una invitación a volar con la imaginación.  A revivir la historia para entender el presente.

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